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Reportajes
Eliazar
A
orillas del río Duero, entre la bruma y el hielo,
bajo el sobrio paraguas de Pesquera de Duero reposa,
crece y se pule Eliazar.
Clarete del municipio icono de la Ribera del Duero
como es Pesquera, pero para aquellos desconocedores
de la tradición de esta localidad es posible que lo
asocien más a la actual clasificación de vinos
rosados.
Solamente su presencia visual es identificable… el
resto de características representan un
mundo nuevo de sensaciones. Vino de terruño, de
garra, de las laderas que rodean
este
municipio, que aportan estructura, cuerpo y potencia
en su conjunto; la dureza intrínseca de los
moradores de estos pagos.
Todas sus características organolépticas están por
encima de la media, mayor intensidad
colorante, mayor potencia aromática y una boca
envolvente.
Su
nariz esta fuera de toda comparación con el resto de
vinos de similar categoría, fruta madura dentro de
un vino fresco, fruta roja y fruta exótica, perfumes
especiados, de licores y compotas que se aprecian
aún con la frialdad de su consumo.
Y
vamos subiendo de tono, porque eso es lo que nos
encontramos en los vinos con personalidad propia y
llenos de recursos, cada movimiento, cada emoción,
cada sensación… es superior a la anterior.
Una
nariz potente como la que acompaña a Eliazar precisa
de una boca larga, sedosa y cálida; y ese ha sido el
propósito de Eliazar. No temo a equivocarme en decir
que es el gran reserva de los claretes.
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Todas sus características organolépticas están
por encima de la media, mayor intensidad
colorante, mayor potencia aromática y una boca
envolvente. |
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Eliazar no es un rosado más, es un clarete de Pesquera
de Duero en los albores del siglo XXI. No hay nada como
la tradición dentro del mundo del vino, los rituales,
las costumbres y los recuerdos que se evocan.
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